sábado, 22 de junio de 2019

Manos

Andaban ni rápido ni despacio, como quien tiene un destino pero no prisa por llegar. Sus cuatro pies acompasados con la naturalidad sincrónica de las atletas chinas.

En un primer momento no los vi. O tal vez sí pero no los miré. Porque las prisas y la rutina son enemigas de los detalles y nos llevan por autopistas sin áreas de descanso ni arcenes. Pero de pronto, unas manos entrelazadas, dos ancianos y el hecho más cotidiano se transforma en extraordinario. Y la autopista pierde el carril de adelantamiento y se paran los relojes y desaparecen las metas.  Y nos colocamos detrás de aquel camión anacrónico y decidimos seguirlo. Y si el camión se para en un seda el paso o ante un escaparate, nosotros también.   


Ya no recuerdo el motivo por el que salí de casa ni el tiempo que llevo siguiéndolos. Tampoco soy capaz de reconocer desde hace rato las calles por las que deambulamos ni los parques que atravesamos pero no me importa. Voy persiguiendo dos manos entrelazadas. La pura poesía de dos ancianos todavía enamorados.

Imagen: Ramiro Curá