Los artículos sobre su muerte le sorprendieron el sábado
mientras regresaba a Madrid en un día gris y frío. Fotos y nombres del pasado emergían
del túnel del tiempo golpeando sus pupilas con la misma furia con que la lluvia
golpeaba los ventanales del tren.
En su memoria sacudida, dos imágenes nítidas de aquel
hombre.
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| Jorge Rafael Videla |
En la primera, se pasea por las atestadas calles de su niñez saludando
sonriente desde el asiento trasero de un coche. El ruido ensordecedor de los aviones de combate contamina el aire desde muy temprano y sus mayores, mimetizados con el ambiente, algo que se le hace
difícil de explicar hoy en día, agitan pequeñas banderas celestes y blancas a
su paso.
En la segunda, entrega orgulloso la copa del mundo de fútbol
a un Passarella muy joven ante la atenta mirada de Ardiles, Kempes, Tarantini y
el resto del equipo nacional.
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| Videla entrega la copa a Passarella, capitán de la selección argentina |
En ambas imágenes, hace frío. En ambas, el fervor de las masas.
En ambas, el celeste y blanco lo impregna todo. En ambas, él es un niño feliz
que no ve más allá de lo que ven sus ojos.
Luego hay otros recuerdos más sórdidos, distorsionados sin
duda por el paso del tiempo, que él sólo al crecer supo comprender que estaban
relacionados con aquel hombre: un registro policial en una casa a
medianoche, una visita a unos parientes lejanos un
fin de semana que alguien sopló que podía ser “de riesgo” en el pueblo, un viaje de su madre a Córdoba en pleno
mundial y una mudanza a España por un
tiempo “para conocer Europa y la nieve” - versión infantil -, “hasta que la situación se
calme” – versión adulta.

Quiso la casualidad que ese mismo sábado, treinta y cinco
años después de todo aquello, hubiera quedado brevemente con su primo A., con
quien tanto jugó de pequeño en su Salta natal y que desde hace un tiempo vive
en Barcelona. Él le habló de los cambios en su
vida, A. de los suyos, del nacimiento hace unos meses de su hija C., de
lo que le gustaba su nueva ciudad, de su trabajo en el mundo del cine… hicieron
propósito de verse pronto y se abrazaron antes de despedirse. Te veo bien, le
dijo él a su primo mientras se alejaba. Por cierto,
¿Viste ayer la final de la Copa? A. se dio la vuelta y sonrió. Uno
de River, otro de Boca. Ayer fue un buen día, primo. ¿Por qué? Porque ganó el
Atleti y murió Videla.
Te quiero. Yo también. En breve voy a conocer a C. Te espero.
Chau. Chau.
"Sí, sí señores, soy argentino / sí, sí señores, de corazón / .../ porque Argentina mostró al mundo / que en nuestro pueblo se vive en libertad"