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lunes, 3 de junio de 2013

En Construcción

"Es una historia de ida y vuelta. Un retrato de vida hecho de pedacitos de realidad [ ] Sole y Pablo llegaron a España creyendo en la salvación del sueño europeo. Y hoy, tan lejos de lo que vinieron buscando, surge la pregunta: ¿volver?" (Carolina Román y Nelson Dante)

"Un hombre y una mujer caminan por las calles de Madrid. No hay dramatismo en sus expresiones. De fondo: una ciudad desenfocada, un ruido, una distorsión [ ] Un espejo lleno de preguntas: ¿cómo nos ven? ¿cómo los vemos / tratamos? ¿qué haremos ahora que los inmigrantes en otros países volvamos a ser nosotros? ¿qué será de nuestros sueños? ¿de los sueños de Pablo y Sole?" (Tristán Ulloa)

Los amigos dibujan una constelación de letras que, combinadas entre sí, a veces forman palabras que dan lugar a frases que en última instancia acaban tejiendo maravillosas historias. Y del mismo modo que uno aprende con los años que ciertas letras juntas jamás podrán significar nada, también intuye que de la combinación de otras, incluso variando el orden, termina surgiendo siempre poesía. De este manera, el trabajar con C me permitió conocer  a V que me presentó a P y a J a quienes ella había conocido a través de A que, leyendo una crítica del susodicho P, descubrió una joyita teatral llamada En Construcción que fue a ver hace unos días  y que luego recomendó a su propia constelación de letras.


Y así fue como, en una tarde otoñal en primavera, mientras sonaban los clarines que anunciaban la salida del primer Jandilla al ruedo de Las Ventas, yo tomaba un metro en dirección al Teatro del Arte: un modesto portal en una calle secundaria de Lavapiés, una zona de tránsito con una mesa por taquilla y una minúscula barra, dos cómicos con bombín por único personal y un espacio escénico en el patio interior, en una nave perfectamente acondicionada en medio de una antigua corrala - ropa tendida desde las ventanas incluida -, donde público y actores están al mismo nivel, muy cercanos, casi rozándose.


 En cuanto a la obra: montaje austero, artesanal, desnudo. Dos personajes, una pequeña historia,  tan particular como universal, escrita y actuada por Carolina Román y Nelson Dante – que, por si fuera poco, también cantan y bailan - y dirigida por Tristán Ulloa.

Mi debilidad musical me hace resaltar la intimista versión a la guitarra del Sea de Jorge Drexler por parte de Dante y la conmovedora recreación al piano y a dos voces del Pétalo de Sal de Fito Páez.


Buen plan para una tarde cualquiera de esta primavera vestida de otoño  y que acabó con un emocionado aplauso a los actores tras el cual Román leyó una frase desgraciadamente recurrente en estos últimos tiempos en las salas a las que acudo: “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo” (Federico García Lorca).