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sábado, 10 de enero de 2015

Yo Soy Charlie

El mundo globalizado impone sus propias reglas totalitarias que te buscan allá por donde estés y difícilmente te dejan evadirte de la actualidad. Uno cambia de país, apaga el teléfono y, por unas breves horas o días, trata de recuperar esa antigua sensación de estar embriagadoramente  perdido en una ciudad, un paisaje o unos ojos con fecha de caducidad y sin mayor atadura a “su mundo” que una llamada o un mensaje esporádico a la familia diciéndoles que “está todo bien”.

Pero la globalización totalizadora impone su dictadura y en el callejón más recóndito del barrio más suburbial del mundo, uno entre una mañana a tomar un café, un té o lo que la cultura local indique y, de pronto, una tele de tubo antigua, tal vez sin volumen, esté emitiendo las imágenes de una tragedia que tiene lugar a miles de kilómetros, o a la vuelta de la esquina, y que las leyendas que se suceden como una lluvia cansina a los pies de la pantalla van desentrañando en un idioma quizás extraño pero usando ciertos términos que, como alarmas de Google, nuestro cerebro va reconociendo e interpretando.

Al mediodía, en el puesto de frutas frescas de un mercado  y, a la hora de comer, en un bar de menús baratos que incluyen una invariable “sopa de legume”, las mismas imágenes o muy similares, siguen hablando de la tragedia y esa repetición y ubicuidad, le dan una dimensión que acaba por ponernos finalmente en alerta.

Tal vez no hayan pasado ni 48 horas desde que dejé Madrid y mi mente, a la hora de regresar, no sólo vuelve enriquecida de un montón de olores, sonidos, sabores y términos nuevos que se han ido adhiriendo a mi memoria vital a lo largo de estos días, sino también de una tragedia lejana con sus nombres propios y sus imágenes que se me han hecho tan familiares como las calles en cuesta y las casas en tonos ocres resbalando hasta un río surcado por puentes de hierro por las que he caminado.

Llego al aeropuerto de regreso y busco mi puerta de embarque. A la derecha, sobre el mostrador, un número 15 como una metáfora de este año nuevo que despega. A la izquierda, un monitor con una frase que se multiplica por toda la sala y que a mi desembarco en la ciudad hubiera sonado indescifrable pero que a estas alturas ya todos saben interpretar: “Nos somos Charlie”  




Y es que la solidaridad también se puede globalizar…