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miércoles, 20 de febrero de 2013

Sectarismos


"[ ] lo difícil que es en este país la disidencia verdadera. Tenemos una idea falsa de nosotros mismos, según la cual somos gente vehemente, que dice lo que piensa y que eso nos distingue de los extranjeros. Pero aquí es muy difícil decir lo que se piensa. Vivimos en una sociedad en la que, por falta de tradición democrática, existe una incapacidad de aceptar con naturalidad las opiniones o las informaciones que contradicen la ortodoxia establecida por un grupo." 

El día que en Barrio Sésamo explicaron la diferencia entre derecha e izquierda, el sectarismo, como la corrupción, faltó. Por eso, el sectarismo no es nada sectario con las ideologías y es capaz de sentarse a la mesa con cualquiera de ellas, sobre todo si tocan poder, y seducirlas sin ningún tipo de miramientos.  

No pasa nada, uno elige un bando, el que él cree que es el de los buenos, y paga su cuota de servilismo, a costa de su dignidad en muchas ocasiones, a cambio de obtener una defensa incondicional y a ultranza por parte del grupo mientras, eso sí, no se salga de su libro de estilo.

El problema surge cuando alguien decide saltarse ese compendio de buenos modales e ir por libre. Entonces, está jodido.

Ayer, en ese mismo periódico en que leía la interesantísima entrevista a Muñoz Molina en que figura la frase que encabeza este post, venía una noticia relacionada con un ex futbolista, Salva Ballesta, cuyo fichaje como técnico por un club de fútbol ha sido finalmente descartado por sus ideas políticas. Tiro de hemeroteca para  ver su historial de declaraciones y llego a la conclusión de que yo también, efectivamente,  estoy muy alejado de su supuesta ideología. Pero la cuestión es otra: ¿debe ser esto un factor determinante para vetar a alguien a que acceda a un puesto de trabajo en que lo que se requiere es una aptitud técnica sobre un deporte concreto? Creo que contestar afirmativamente a esto nos puede conducir a una espiral antidemocrática muy peligrosa de la que han sido víctima a lo largo de la historia desde escritores y cineastas hasta médicos o carpinteros por el simple hecho de atreverse a decir lo que pensaban.

Salva Ballesta


Cuentan que a finales de los 70,s, alguien de la Academia llamó a Borges para comunicarle que le iban a conceder el Premio Nobel de Literatura por su inmensa obra pero que a cambio debía condenar públicamente la cruenta dictadura militar argentina. El escritor, poco dado a las concesiones a la galería, contestó que si le querían dar el Nobel que se lo dieran pero que a él nadie le apuntaba lo que debía decir. A continuación, colgó el teléfono. Se quedó sin el premio, pero hizo bien.

Jorge Luis Borges

sábado, 16 de febrero de 2013

Amistad


"Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del dentífrico"
(Rayuela, Julio Cortázar)

"Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuego iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego  sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros, arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."
(El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano)


La verdadera amistad tiene algo de principio de novela de Cortázar transformado con el tiempo en cuento de Galeano.

Solía reunirlos la casualidad, de año en año, en distintos lugares, en medio de multitudes en que ellos no tardaron en descubrir que vibraban en la misma onda.


Un día quisieron arriesgar y se citaron para comprobar si la magia era inseparable del azar o por el contrario habitaba en el corazón de los humanos. Les gustó y repitieron.

Una madrugada de encuentro, uno de ellos abrió un libro. Un ticket amarillento de la Frick Collection marcaba la página 42. Un lápiz desdibujado, subrayaba una frase:

"Hay lugares de la ciudad que uno descubre por sí mismo en sus caminatas solitarias y otros que le son revelados como un regalo generoso de la amistad o el amor. Se puede regalar lo que uno más ama, cierta perspectiva al fondo de una calle, un parque pequeño junto a un puente, un café, un club de música, hasta un instante de la luz. Ese regalo intangible enriquece a quien lo ha hecho y se vuelve un tesoro enaltecido por el agradecimiento para el que lo recibe, en un recuerdo y también en la posibilidad de otro regalo. En el lugar estará siempre quien nos lo descubrió y el momento de nuestra vida en el que gracias a su mediación lo conocimos"
(Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina)


Volvieron a releerla varias veces durante la noche, entre copa y copa, entre conversación y conversación. Incluso la acariciaron y la olieron, porque la belleza, cuando es auténtica, se disfruta con los 5 sentidos. Concluyeron que la meta es el camino, que la vida es mientras tanto y que la única certeza es el presente. Hubo pacto de meigas y amistad. De testigos, una guitarra y Bruce Springsteen. 

*Pequeño cuento para G. por la amistad, los momentos y esas galeradas del último libro de Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era Sólido, que se publica la semana que viene y que yo, gracias a su impagable regalo, ya estoy disfrutando en mi casa.